guito nació de una idea que me acompañaba sin que yo me diera cuenta: todo el mundo debería poder ver su dinero en un solo lugar y tener la información necesaria para tomar sus propias decisiones.
En realidad, esta idea empezó en el despacho de la casa donde crecí, en Aveiro. En casa, el dinero se escribía. En uno de los cajones del escritorio de madera maciza, mi padre escondía, con orgullo, una libreta pequeña de tapas negras, sin título. Cada línea guardaba, con todo cuidado, los gastos y los ingresos de la familia. Cada vez que la abría, estaba más gorda: entre la última página y la tapa de atrás, los recibos se iban acumulando, mes tras mes.
Más tarde llegó la crisis. En 2008, cuando yo tenía 13 años, estalló la crisis de las hipotecas subprime y, poco después, llegó a Portugal. A mi padre ya no le bastaba la pequeña libreta. Ingeniero como era, y como yo llegaría a ser, pasó a hojas de cálculo de Excel, con grandes fórmulas y gráficos, cruzando datos y más datos para llegar a la conclusión a la que había llegado desde el principio: «los tiempos que vienen no van a ser fáciles».
Mi padre reforzó la vigilancia de las luces encendidas por la casa, al milisegundo. Mi madre cambió los yogures de siempre por las marcas blancas, que empezaban a llenar las estanterías de los supermercados. Y yo, en mi imaginación inocente, creía que la troika, las instituciones a las que el Estado portugués debía ríos de dinero, era una fiera gigante de tres cabezas, igualita que el perro de la primera película de Harry Potter.
Años después, cuando uno de los mayores bancos del país cayó y se llevó los ahorros de clientes a los que había vendido pagarés como si fueran tan seguros como un depósito, comprendí que tenía que saber lo que estaba comprando. Todos necesitamos saberlo. Muchas de aquellas personas invirtieron porque confiaban en su gestor, que les aseguraba que aquel era el producto más seguro que existía. Y esto en un país donde, todavía hoy, solo el 11% de las personas tiene un nivel alto de educación financiera, la cifra más baja de la Unión Europea. Imagínate en aquella época.
Cuando empecé a trabajar, hice lo que había visto hacer a mi padre y monté mi propio Excel. Cada mes añadía datos y pasaba horas pensando en cómo estructurarlos y mostrarlos mejor. Mucho trabajo manual, poco intuitivo, sin automatismos. Sabía que necesitaba algo diferente.
En el verano de 2024, empecé creando un simulador de salario neto. Fui añadiendo las herramientas que me hacían falta, hasta reunir mis finanzas en un solo lugar. Los primeros usuarios llegaron cuando aquello apenas podía llamarse producto. Más tarde llegó el primer euro: alguien había decidido pagar por lo que, poco antes, era una idea de servilleta. Por el camino, el proyecto de verano se convirtió en marca registrada, y de la marca nació una empresa.
guito se inspira en la vieja libreta negra, y yo soy uno de sus usuarios. Lo creé para ayudar a cualquier persona a comprender sus finanzas, ver con claridad dónde está hoy y decidir mejor mañana.
El compromiso de guito es darte información clara y dejar la decisión en tus manos. No vende productos financieros ni se aprovecha de quien sabe menos de dinero. No cobra comisiones, no es intermediario de crédito, no vende tus datos ni muestra publicidad.
Creo que la información es poder. Poder para prosperar y llegar más lejos, para ti, para tu familia y para toda la sociedad.
guito te da las herramientas y los hechos. La elección es tuya.
La vieja libreta de tapas negras sigue en el cajón, tan gorda como antes, ahora con más polvo. Ya no se escribe en ella, pero el cuidado con que se rellenó vive en guito. Este es el comienzo de nuestra historia. Estoy deseando enseñarte los próximos capítulos. Gracias por formar parte de ella.